Durante décadas, la exploración de Marte ha estado marcada por un objetivo recurrente: comprender si alguna vez albergó vida. Cada misión enviada al planeta rojo, desde las primeras sondas hasta los sofisticados rovers actuales, persigue desentrañar los secretos de su geología, su clima y su atmósfera. Sin embargo, no todos los descubrimientos tienen que ver con fósiles microscópicos o antiguas huellas de agua. A veces, una revelación inesperada puede modificar los planes de investigación y obligar a redefinir prioridades científicas.
Uno de esos hallazgos acaba de producirse y está generando enorme expectación. Los investigadores han confirmado por primera vez la presencia de actividad eléctrica en la atmósfera marciana, un fenómeno que, aunque llevaba años sospechándose, nunca había sido demostrado con evidencias directas. Estas descargas, muy distintas a los rayos que vemos en la Tierra, han sido detectadas a partir de datos recogidos por el rover Perseverance, que opera en el cráter Jezero desde 2021.
Un fenómeno eléctrico oculto entre el polvo marciano
Marte es un mundo árido, ventoso y extremadamente polvoriento. Sus tormentas de polvo pueden abarcar cientos de kilómetros y duran días o semanas, creando remolinos y turbulencias que alteran la visibilidad y modifican las condiciones atmosféricas. Era lógico pensar que, bajo estos escenarios, pudieran generarse chispas eléctricas similares a las que vemos en desiertos terrestres.
Ahora lo sabemos con certeza: se producen descargas triboeléctricas, pequeños “chispazos” fruto de la fricción entre partículas de polvo levantadas por el viento. No se parecen a los relámpagos terrestres, que liberan una energía millones de veces mayor, pero sí constituyen actividad eléctrica real.
Para llegar a esta conclusión, los científicos analizaron horas de grabaciones acústicas obtenidas con un micrófono del instrumento SuperCam de Perseverance. En ellas identificaron 55 eventos eléctricos, principalmente vinculados a remolinos y frentes de polvo.
Uno de los aspectos más sorprendentes es la proximidad de algunas de estas descargas al rover: algunas señales indican que ocurrieron a solo unos centímetros del micrófono. Aunque la energía es baja e incapaz de poner en riesgo una misión, demuestra que Perseverance está sumergido en un entorno mucho más dinámico de lo que se creía.






