Santo Domingo.– La escritora y gestora cultural Marivell Contreras lanzó un mensaje contundente sobre la autenticidad personal y la presión social, durante la presentación de su más reciente poemario Hilos del Caribe.
“Nadie tiene que dejar de ser quien es para ser quien otro quiere que tú seas”, expresó Contreras, en una reflexión cargada de crítica social y de introspección sobre las imposiciones culturales que aún afectan la identidad en la República Dominicana.
Contreras relató cómo ha vivido en carne propia el juicio constante por su aspecto físico, especialmente por su cabello natural, al que ha decidido no modificar pese a las críticas.
“A mí no me gusta peinarme, todo el mundo lo sabe. Y mucha gente ha tenido que soportarme así. Me ha costado lágrimas. Me ha costado sangre”, confesó.
Recordó que durante años, mientras trabajaba cerca del Boulevard de la 27, solía recibir comentarios ofensivos simplemente por lucir su cabello tal como es.
En ese sentido, la autora destacó que el rechazo que muchas personas experimentan por no ajustarse a un modelo estético dominante no es casual, sino un patrón aprendido.
“La mayoría de la gente ni siquiera sabe cómo lo hace, pero lo hace por instinto, por repetición. Todo el mundo vive puyando al otro, haciéndolo sentir mal”, dijo.
Desde su mirada, los prejuicios sociales tienen raíces profundas en la falta de conocimiento sobre la historia y los procesos que dieron forma a la sociedad dominicana.
“El primer paso para superar esos prejuicios es estudiar nuestra historia. Si sabemos de dónde venimos y cómo se construyó esta sociedad, no tendremos esa necesidad de rechazar lo nuestro ni de dejar que nos manipulen”, afirmó.
Contreras también advirtió sobre la necesidad de formar mejor a quienes tienen influencia en espacios sociales, culturales y corporativos. A su juicio, no basta con buenas intenciones: “Hay que tomar en cuenta la formación de la persona para hacer ese trabajo. Hay que pensarlo, analizarlo. No todo se puede dejar a la improvisación”.
Hilos del Caribe es una obra poética que utiliza el cabello como símbolo de memoria, resistencia y reafirmación identitaria. A través de sus versos, Contreras traza un mapa íntimo y colectivo de lo que significa habitar un cuerpo caribeño en una sociedad marcada por herencias coloniales y expectativas impuestas.
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La autora concluyó su intervención con una reflexión sobre el valor de reconocerse a uno mismo y al otro: “Tenemos que ponerle el dedito donde duele, reconocer quiénes somos y respetar al otro. Eso no solo mejora las relaciones sociales; también nos convierte en mejores seres humanos”.






