Santo Domingo.— En medio del escándalo que envuelve al cantante español Julio Iglesias por un supuesto caso de acoso sexual, comienzan a surgir elementos que invitan a una lectura más amplia y cautelosa de los acontecimientos que hoy lo colocan en el centro del debate público.
Una fuente de entero crédito reveló a testigo.com.do que desde el año 2024 el artista habría sido objeto de una situación que le resultó particularmente incómoda, tras recibir una atractiva oferta para la compra de su mansión ubicada en Punta Cana, República Dominicana.
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De acuerdo con la fuente, al conocer la propuesta Iglesias reaccionó con visible molestia, reiterando de manera categórica que ninguna de sus propiedades estaba —ni está— en venta. Lo que en su momento pareció un episodio aislado adquiere ahora una dimensión distinta. Según la versión ofrecida, tras la negativa del intérprete a vender su residencia, desde el país habrían comenzado a circular de forma sostenida informaciones falsas y versiones no confirmadas sobre su estado de salud.
Entre los rumores difundidos se mencionaban supuestas caídas, enfermedades, ventas de propiedades e incluso un retiro forzado y progresivo de la vida pública del artista. Estas versiones, amplificadas por redes sociales y algunos medios digitales, fueron construyendo una narrativa de decadencia alrededor de una figura que, hasta entonces, mantenía un bajo perfil por decisión propia.
Fuentes cercanas al entorno del cantante señalan que Iglesias se encontraba enfocado en la escritura de su autobiografía y en preservar una vida privada cuidadosamente resguardada, lejos del foco mediático. Sin embargo, la acumulación de especulaciones terminó por reinstalar su nombre en la agenda pública.
El señalamiento por supuesto acoso sexual emerge ahora como el capítulo más grave y ruidoso de esa cadena de versiones, lo que abre interrogantes sobre el contexto en el que surge la denuncia, los intereses que pudieran gravitar alrededor del caso y la oportunidad en que estalla mediáticamente.
Sin que ello implique restar importancia ni seriedad a una acusación de esta naturaleza, el cúmulo de informaciones previas —muchas de ellas desmentidas o nunca comprobadas— obliga a analizar el caso con cautela, evitando juicios anticipados y distinguiendo con claridad entre hechos verificables y rumores interesados.
Mientras Julio Iglesias, ha dejado claro que se pronunciará a través de sus abogados cuando lo considere oportuno, el caso se perfila no solo como un desafío legal y mediático para el artista, sino también como una prueba para el ejercicio responsable del periodismo en tiempos marcados por el escándalo, la viralidad y la desinformación.







