Santo Domingo, RD – ¿Cómo puede morir un bebé en una guardería y que nadie esté preso? Esa es la pregunta que, nueve meses después, siguen haciéndose los padres del pequeño Ángel de Jesús Figari, de apenas cinco meses, quien falleció en enero de este año mientras se encontraba en la guardería Bautista Cristocéntrica, en Monte Plata.
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Mayerlin Prenza Berroa: sin título, sin preparación, pero al cuidado de vidas
Al momento del hecho, el bebé estaba al cuidado de Mayerlin Prenza Berroa, una mujer que —según el expediente del Ministerio Público— no posee título profesional alguno que la certifique para trabajar con infantes.
Su experiencia se limita a lo empírico: haber trabajado en otros centros similares y haber recibido “capacitaciones” al inicio del año escolar por parte del Ministerio de Educación. Aunque ha cursado parte de una licenciatura en Psicología Escolar y actualmente está en su tercer semestre de Educación Inicial, no ha finalizado ninguna carrera, por lo que no está legalmente calificada para atender menores, mucho menos a bebés en condiciones delicadas.
Ese 23 de enero, Mayerlin, luego de alimentar y dormir a Ángel, lo acostó en su corral para luego alejarse y ayudar a una compañera en la cocina. Minutos después, el bebé ya no respiraba. La autopsia reveló que Ángel falleció por asfixia mecánica por broncoaspiración, y el INACIF determinó que llevaba al menos dos horas muerto cuando fue llevado al hospital.
Mientras tanto, la familia Figari solo recibe silencio y burocracia como respuesta, mientras ven cómo una muerte que pudo evitarse se convierte en otro expediente engavetado.
“Queremos justicia. Si las autoridades no actúan, otros niños seguirán muriendo”,
sostiene Yohanna Figari, madre del bebé, con una mezcla de dolor y rabia.
En República Dominicana, como en muchos países de la región, la falta de regulación efectiva en las guarderías permite que personas sin formación académica trabajen directamente con niños pequeños. Cuidar a un bebé no se trata solo de alimentarlo o cambiarle el pañal; requiere conocimientos especializados en desarrollo infantil, primeros auxilios, estimulación temprana y manejo emocional. Sin una preparación adecuada, cualquier descuido puede convertirse en tragedia. Así ocurrió con Ángel Figari, cuya vida terminó en manos de una cuidadora que no contaba con título académico ni formación profesional.
¿Cuántos más?
La muerte del bebé Ángel Figari no fue un accidente inevitable. Fue el resultado de una cadena de irresponsabilidades: una cuidadora sin título, un centro sin vigilancia, y un sistema que permite que vidas tan frágiles estén expuestas a manos inexpertas.
Mientras el país no legisle ni actúe con contundencia, los centros de cuidado infantil seguirán operando como tierra de nadie. Y cada bebé que entre a una guardería mal regulada podría ser el próximo Ángel.






