Santo Domingo.– Aunque la sostenibilidad se ha convertido en una palabra común dentro del discurso industrial, no siempre se traduce en acciones efectivas. Así lo advierte el ingeniero químico Walid Anka, especialista en procesos sostenibles, quien asegura que muchas compañías repiten fallos que comprometen tanto la eficiencia como el impacto ambiental de sus operaciones.
Anka, con amplia experiencia en acompañar procesos industriales, señala que uno de los principales errores es creer que la tecnología, por sí sola, soluciona los problemas. En su análisis, explica que muchas empresas invierten en equipos y sistemas digitales sin desarrollar la cultura organizacional necesaria para interpretarlos y utilizarlos adecuadamente. Esto provoca que grandes volúmenes de datos se acumulen sin convertirse en decisiones o mejoras reales.
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Otro fallo frecuente, según el especialista, es considerar la sostenibilidad como un gasto adicional. Anka sostiene que la evidencia demuestra lo contrario: optimizar procesos reduce costos y consumo energético. Cita como ejemplo plantas que, al gestionar mejor sus flujos térmicos, disminuyen hasta un 30 % de su consumo energético, generando ahorros inmediatos y reduciendo emisiones contaminantes. “El verdadero lujo es seguir desperdiciando recursos”, ha señalado en diversos foros.
El ingeniero también advierte sobre la tendencia a enfocarse en cambios superficiales en lugar de transformar los procesos que realmente generan impacto. Señala que algunas compañías se concentran en mejorar su imagen pública —como sustituir envases o promover campañas ambientales— mientras mantienen prácticas operativas altamente contaminantes. En su visión, la sostenibilidad debe comenzar desde la raíz del sistema productivo.
Otra de sus observaciones apunta a la falta de integración entre departamentos clave. Anka afirma que en muchas plantas industriales áreas como mantenimiento, producción y finanzas trabajan de forma aislada, dificultando la toma de decisiones estratégicas. Para lograr confiabilidad operativa y sostenibilidad, insiste en la necesidad de comunicación transversal: un problema técnico detectado a tiempo debe llegar a quienes pueden autorizar las inversiones que lo resuelvan.
También considera un error grave la cultura de ocultar fallas. Para Anka, los errores deben ser estudiados y no encubiertos, pues cada incidente representa una oportunidad para mejorar. Ha documentado casos en los que una parada imprevista permitió detectar fallas críticas que, una vez corregidas, evitaron daños mayores a futuro.
El especialista añade que la sostenibilidad requiere paciencia. Muchas empresas esperan resultados inmediatos y abandonan iniciativas antes de que generen cambios medibles. Sin embargo, experiencias reales muestran que los impactos más sólidos se observan en el largo plazo, cuando los procesos optimizados comienzan a reflejarse en indicadores de eficiencia y reducción de emisiones.
Finalmente, subraya la importancia de involucrar al personal. Para Anka, la tecnología no tiene valor si el talento humano no está capacitado ni comprometido. Asegura que un sistema automático puede lanzar alertas precisas, pero si los equipos no confían en ellas o no saben cómo actuar, los riesgos persisten de igual forma.
Aunque la lista de errores es amplia, el ingeniero prefiere enfocarse en el aprendizaje que cada uno ofrece. Su enfoque pragmático se ha ganado la atención en conferencias y talleres, donde insiste en que la sostenibilidad solo es posible cuando se combina coherencia, responsabilidad y participación colectiva.
En un contexto global que exige producir más con menos impacto, las advertencias de Walid Anka funcionan como un llamado urgente a la reflexión: la sostenibilidad no se alcanza con discursos ni promesas, sino evitando repetir aquello que la industria ya sabe que no funciona.





