El 8 de febrero de 1822 es una fecha crucial en la historia de la isla de La Española. Ese día, el presidente haitiano Jean-Pierre Boyer, líder de Haití desde 1818, culminó una serie de movimientos políticos y militares que llevaron a la entrada de sus tropas en el territorio que hoy conocemos como República Dominicana. Aunque la fecha formal de ingreso al centro de Santo Domingo fue el 9 de febrero de 1822, el 8 marcó la llegada de Boyer y su ejército al área de San Carlos, en las afueras de la ciudad, preparándose para tomar el control después del efímero intento de independencia dominicana iniciado en 1821.
Contexto previo: de colonia española a independencia efímera
Durante siglos, la parte oriental de la isla había sido gobernada por España como la Capitanía General de Santo Domingo. Con el declive del control español en América y las guerras napoleónicas en Europa, surgieron movimientos independentistas. El 1 de diciembre de 1821, un grupo de criollos liderados por José Núñez de Cáceres proclamó la independencia bajo el nombre de Estado Independiente del Haití Español, con la intención de anexarse a la Gran Colombia de Simón Bolívar. Sin embargo, ese nuevo estado no consiguió apoyo internacional ni militar suficiente.
Aprovechando esa debilidad, Jean-Pierre Boyer, quien defendía la idea de una isla “una e indivisible”, decidió intervenir. Con un ejército de cerca de 12,000 soldados, Haití tenía una fuerza muy superior a la pequeña milicia que presentaba el Estado dominicano. En enero de 1822, Boyer comenzó la marcha hacia el este y, tras un breve avance, llegó a Santo Domingo en febrero.
El 9 de febrero de 1822, las tropas haitianas entraron en la ciudad de Santo Domingo. José Núñez de Cáceres entregó las llaves de la ciudad a Boyer en una ceremonia en la que prometió una unificación pacífica, aunque la resistencia y la sorpresa entre los dominicanos fueron evidentes. Con esta acción se inició un periodo de dominación haitiana que duró 22 años, desde 1822 hasta el 27 de febrero de 1844.
Los haitianos reorganizaron el territorio dominicano en dos departamentos administrativos: Ozama (sur) y Cibao (norte), integrándolo a la estructura estatal de Haití. Bajo este nuevo orden, se implementaron cambios profundos en la vida económica, social y cultural de los habitantes del Este.
Una de las medidas más trascendentales desde el punto de vista social fue la abolición de la esclavitud en la parte oriental de la isla. Aunque en el Santo Domingo español el sistema esclavista no había tenido la misma magnitud que en el oeste, esta acción representó un punto de inflexión para muchos afrodescendientes y alteró la dinámica laboral de la sociedad.
Resistencia, tensiones y vida bajo la ocupación
Sin embargo, la ocupación también trajo medidas que provocaron descontento entre los dominicanos. El gobierno haitiano implementó expropiaciones de tierras, intentó restringir tradiciones culturales, impuso el uso del francés en algunas esferas administrativas y sometió a los dominicanos a servicio militar obligatorio. Además, obligó al pago de impuestos para aportar al fisco haitiano, que estaba endeudado por una indemnización que había pagado a Francia por reconocer su independencia.
Este conjunto de políticas generó tensiones crecientes. Aunque algunos sectores especialmente los que habían sido esclavizados, recibieron con alivio la abolición de la esclavitud, muchos dominicanos expresaron su rechazo a la pérdida de autonomía, a las reformas económicas y a la sensación de dominio extranjero. Estas tensiones se tradujeron en pequeños brotes de resistencia y conspiraciones a lo largo de los años.
Con el paso del tiempo, se fortaleció en la parte oriental de la isla el deseo de recuperar la soberanía nacional. En 1838, un grupo de jóvenes patriotas liderado por Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella fundó la sociedad secreta La Trinitaria, cuyo objetivo era organizar la lucha por la independencia. Esta sociedad fue crucial para articular un movimiento que trascendió generaciones y logró canalizar el rechazo a la ocupación.
La chispa final de la independencia dominicana se encendió el 27 de febrero de 1844, cuando los patriotas proclamaron la separación de Haití y la creación de un Estado soberano llamado República Dominicana. El célebre disparo del trabucazo de Matías Ramón Mella en la Puerta de la Misericordia marcó el inicio de la nueva era nacional, que recuperaba la libertad después de más de dos décadas de dominio extranjero.





