La aparición de equipos de espionaje de alta tecnología en el Congreso Nacional ha encendido las alarmas en un momento crucial, justo en vísperas de la elección de la nueva junta directiva y el inicio de la legislatura.
Este hallazgo, detectado durante las revisiones internas del proceso de transición administrativa, ha puesto de manifiesto la magnitud de los riesgos que enfrenta la seguridad y la privacidad en uno de los principales órganos del Estado.
Las investigaciones se desarrollan bajo estricta reserva, mientras diversas voces señalan una posible crisis de credibilidad institucional y de confianza pública si no se esclarece el caso.
Recomendamos leer: Avanza en el Congreso de EE.UU. un proceso para declarar en desacato a los Clinton por el caso Epstein
La sesión legislativa para instalar la nueva legislatura transcurrió según lo previsto, aunque en un ambiente tenso y bajo la sombra del descubrimiento.
El tema del espionaje desplazó rápidamente la atención, provocando debates entre diputados y personal que manejaron la información con suma cautela debido a su gravedad política y legal.
A última hora del martes 20 de enero, la salida discreta del ex presidente legislativo Luis Redondo, sin la habitual compañía de otros directivos ni diputados de bancada, suscitó especulaciones y dejó interrogantes abiertos sobre eventuales conexiones con el caso. Ningún pronunciamiento oficial ha esclarecido hasta ahora si existe un vínculo directo.
Según informes preliminares, las cámaras y micrófonos retirados corresponden a sistemas de última generación valorados en varios millones de lempiras.
También puedes leer: Putin pone precio a Groenlandia: hasta los 1.000 millones de dólares
Estos dispositivos se encontraban emplazados estratégicamente en espacios donde se celebran reuniones privadas, oficinas administrativas y zonas transitadas por diputados y personal de confianza, lo que da cuenta de una vigilancia selectiva orientada a la obtención de información sensible.
Resulta alarmante que la instalación de estos dispositivos careciera de contrato, autorización formal o registro administrativo alguno. Esta irregularidad refuerza la hipótesis de una operación orquestada al margen de las normas legales.
Empleados del Parlamento afirmaron que los equipos ya han sido desmontados, aunque persiste la incertidumbre en torno a cuánto tiempo operaron y el destino de los datos recogidos.
La posibilidad de que se trate de tecnología heredada de la administración anterior cobra fuerza, al considerar que el hallazgo se produjo justo durante la inspección de oficinas para la transición y los equipos no figuraban en inventarios oficiales.
Las primeras indagaciones incluyen auditorías técnicas y revisiones de seguridad para asegurar que no existan más equipos clandestinos instalados en el edificio.
El caso, de extrema sensibilidad institucional, se mantiene bajo investigación y sin declaración pública por parte de autoridades legislativas, mientras diputados, analistas y empleados demandan esclarecimientos urgentes.
Te puede interesar: Trump retira amenaza de aranceles tras avance en negociaciones sobre Groenlandia
Expertos en transparencia han advertido que la presencia de sistemas de espionaje sin autorización en el Congreso Nacional vulnera la independencia y la privacidad de los funcionarios, exponiendo a uno de los poderes del Estado a riesgos inéditos en materia de democracia y legalidad.
La expectativa se centra ahora en la capacidad de la nueva directiva para restaurar la seguridad, recuperar la confianza en la institución y delimitar responsabilidades sobre un incidente que amenaza con marcar el inicio de la legislatura.






