Bangkok.- El reformista Partido del Pueblo (PP), favorito según las encuestas, afronta este domingo las elecciones generales en Tailandia con mayor madurez política y una rebaja del tono en algunas de sus peticiones más emblemáticas y polémicas, como las que afectan a la sacrosanta monarquía y al Ejército.
Tailandia, país muy marcado por los grandes poderes del Ejército y la Casa Real, afronta unas disputadas elecciones en las que se miden sobre todo, según los sondeos, el conservador Bhumjaithai (BJT, Orgullo tailandés), liderado por el primer ministro interino, Anutin Charnvirakul, y los reformistas del PP.
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El Partido del Pueblo fue fundado en 2024 tras la disolución de su predecesor, Avanzar (Move Forward) - que a su vez surgió de otra decisión similar contra el partido original (Future Forward) en 2020-, a raíz de una polémica decisión judicial del Constitucional con relación a su proyecto de reforma de la ley que protege de críticas a la Casa Real.
Avanzar, un soplo de aire fresco en la política tailandesa, se impuso de manera sorprendente en los comicios de 2023, pero no pudo gobernar debido al veto del antiguo Senado, nombrado por la extinta junta militar (2014-2019).
Esta vez la Cámara Alta, cuyos nuevos miembros fueron elegidos en 2024 en un enrevesado proceso indirecto, ya no participan en la elección de primer ministro, lo que podría facilitar un gobierno del partido reformista.
El PP también se ha suavizado para intentar calmar los ánimos en un país con larga tradición de golpes de Estado y fuerte influencia de militares y monarquía.
"Las reformas estructurales siguen siendo la marca desde la cual el partido hace campaña, pero la agresividad contra las élites conservadoras ya no tiene la misma intensidad", dice a EFE Treethep Srisanga, de la Universidad de Florida.
Un pacto costoso
Pero su cierta asimilación en el espectro político habitual también puede volverse en su contra. El PP forjó un pacto con el BJT que permitió a estos formar el pasado septiembre un gobierno minoritario, encabezado por Anutin.
"Ese apoyo ha destruido significativamente la reputación del partido. No creo que logren una victoria apabullante debido a ese error", opina Titipol Phakdeewanich, decano de la facultad de ciencias políticas de la Universidad Ubon Ratchathani.
Más optimista se muestra Srisanga: "El daño es real (...) pero en la política tailandesa no existe una alternativa clara al PP para ese espacio de votantes que quieren el cambio".
El acuerdo, que trataba de poner una pausa a la inestabilidad política desatada tras los comicios de 2023, terminó con la convocatoria de elecciones anticipadas por parte de Anutin, las terceras desde el último golpe de Estado de 2014.
Durante la campaña electoral, Natthaphong Ruengpanyawut, el joven líder del PP, ha asegurado que no apoyará otro gobierno liderado por Anutin, pero no ha cerrado la puerta a un pacto con el BJT que los lleve al poder.
Lesa majestad y anti-militarización
A pesar de mantener en gran medida su agenda progresista, que busca impulsar una profunda reforma económica, social y política en el país, el PP ha rebajado el tono en dos cuestiones fundamentales para su base electoral: reformar la ley de lesa majestad y desmilitarizar las instituciones.
El histórico conflicto fronterizo entre Tailandia y Camboya que resurgió con combates bélicos en julio y diciembre en varias zonas de la divisoria, dejando un centenar de muertos, ha servido a las élites conservadoras de acicate contra el movimiento progresista.
"La disputa fronteriza y la (creciente) retórica promilitar se ha empleado para contrarrestar, al menos en el plano discursivo, la promesa emblemática del PP de reformar las Fuerzas Armadas", comenta Srisanga, que ve un partido "menos beligerante y más dispuesto a ceder" en algunos de sus valores fundacionales.
También ha habido una ausencia de referencias sobre la reforma de la ley de lesa majestad, que castiga con hasta 15 años de cárcel cualquier crítica contra la Casa Real, cuyo proyecto legislativo supuso la inhabilitación de una decena de sus dirigentes en agosto de 2024.
Aunque, subraya Srisanga, el PP sí conserva medidas como amnistías o indultos para los encarcelados por ese delito.
"El enfoque más suave del PP respecto a la lesa majestad es un claro giro hacia la 'realpolitik' (...) y para evitar la misma guillotina judicial", dice Pavin Chachavalpongpun, profesor en la Universidad japonesa de Kioto.
A pesar de la estrategia más pragmática aún penden amenazas sobre decenas de miembros del PP, incluido Natthaphong.
La Comisión Nacional de Anticorrupción tiene previsto decidir a lo largo del año si lleva a la Justicia una denuncia contra al menos 15 de sus miembros por "graves violaciones éticas" por su intento de enmendar la ley de lesa majestad, que podría inhabilitar políticamente de por vida a los acusados.





