Santo Domingo.- El arquitecto, investigador e ilustrador Cristian Martínez Villanueva realizó la presentación "Primeras páginas del Nuevo Mundo", primer tomo de la colección «A la sombra del cacao».
Villanueva, conocido en los círculos culturales dominicanos como Crismar, reunió a escritores, historiadores, artistas y personalidades del mundo cultural y empresarial de la República Dominicana en torno a una obra singular, construida en el cruce entre la imagen, la historia y la reflexión identitaria.
Los asistentes fueron recibidos con una ambientación sonora inspirada en la tradición musical taína, evocando los sonidos y atmósferas de la cultura ancestral de Quisqueya. El acto abrió con un introito artístico de excepcional belleza: la escena ritual "Casabí", interpretada por Nileny Dipton con la participación especial de la infante Néfer Galaxia.
La propuesta escénica recreó el ritual del casabe sagrado, alimento ceremonial de los pueblos taínos y símbolo de comunidad, fertilidad y espiritualidad. La propuesta se inspira directamente en las investigaciones del arquitecto Cristian Martínez sobre la cosmovisión y las prácticas ceremoniales de la cultura taína, estableciendo desde el primer momento un puente vivo entre el libro y la tradición que lo habita.
Una vida de investigación convertida en libro
Primeras páginas del Nuevo Mundo es, en palabras de su autor, el compendio de una vida de estudios e investigaciones en archivos, bibliotecas y gabinetes europeos. La obra, que Crismar comenzó a gestar en Roma, está dedicada a Alba de Martínez, quien fue su compañera y la chispa que dio vida al proyecto, fallecida antes de verlo concluido. Su publicación, demorada por ese golpe, se convierte ahora en un acto de memoria y de gratitud.
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El libro inaugura la colección «A la sombra del cacao», una serie de publicaciones de largo alcance que propone acercarse a la historia dominicana desde un lenguaje que aúna ilustración e investigación. Cada pieza tiene un asiento histórico preciso: los diseños de Crismar van acompañados de narraciones breves que los anclan a momentos concretos del descubrimiento y colonización de la isla de Quisqueya, apoyándose en fuentes primarias como el Diario del almirante Cristóbal Colón y los escritos de Gonzalo Fernández de Oviedo y fray Bartolomé de las Casas.
Veintitrés capítulos, veintitrés entradas a la historia
La obra se organiza en veintitrés capítulos que van desde Resurrección —una reflexión sobre las ruinas de La Isabela, primera ciudad europea del Nuevo Mundo, y el guayacancillo que todavía persiste en ese sitio fundacional— hasta Fiat lux, pasando por Villancico, Gestación, Cronometría, Areíto, Sancocho, Cohoba, entre otros. Cada título es en sí mismo una declaración de intención, pues el libro no recorre la historia de manera lineal ni escolástica, sino que la aborda como una serie de impresiones, iluminaciones y preguntas.
En Gestación, Crismar reflexiona sobre la identidad de la isla como una nave lanzada al mar, y sobre sus habitantes como «náufragos históricos» que han sobrevivido cinco siglos en condiciones de precariedad. En Cronometría, explora la particular relación dominicana con el tiempo —ese «Si Dios quiere» que condiciona el fatalismo histórico— y lo traza hasta los grumetes medievales que cantaban mientras daban vuelta a la ampolleta de arena en las naves del almirante.
En Areíto, recupera la tradición oral taína, ese «libro sin páginas» que Fernández de Oviedo describió como la manera en que los indígenas de La Española transmitían de generación en generación su historia cantando y bailando.
La escritura de Crismar oscila con naturalidad entre el ensayo histórico, la crónica lírica y la reflexión filosófica. Su prosa evoca la erudición de quien ha vivido entre Roma y Santo Domingo, entre archivos europeos y la soledad magnífica de La Isabela, y que desde ambas orillas ha aprendido a mirar la isla con distancia y con amor al mismo tiempo.







