La Fuerza Aérea de Israel ha intensificado en las últimas 72 horas una ofensiva sostenida contra las instalaciones nucleares de Irán, en un intento por frenar de manera definitiva los avances del régimen islámico hacia la posible construcción de al menos diez armas nucleares.
Según fuentes de defensa israelíes, los bombardeos han logrado interrumpir la cadena de suministros clave para el enriquecimiento de uranio, inhabilitar a una decena de científicos involucrados en el programa atómico y causar daños considerables en las instalaciones subterráneas de Natanz y Fordow, los dos centros neurálgicos del proyecto nuclear iraní.
A pesar de los avances, el gobierno israelí reconoce que sus capacidades actuales son insuficientes para destruir por completo estas instalaciones, que se encuentran a más de 60 metros bajo tierra, protegidas por desiertos y cordilleras. Por ello, ha solicitado de manera explícita a Estados Unidos el envío de bombas antibúnker de última generación, capaces de penetrar las fortificaciones subterráneas y desmantelar definitivamente las centrifugadoras nucleares.
Aunque Washington ya brinda apoyo a Israel mediante información de inteligencia y asistencia logística, todavía se mantiene reticente a involucrarse directamente con medios militares ofensivos como los bombarderos B-2 o las bombas de 13 toneladas necesarias para este tipo de operaciones de alta precisión.
Israel ha comunicado a la Casa Blanca que las acciones militares no cesarán hasta que todas las instalaciones nucleares iraníes queden totalmente inoperativas. La presión diplomática entre ambos aliados aumenta, mientras crece la tensión regional por el riesgo de una escalada bélica de mayores proporciones en Medio Oriente.
Analistas internacionales advierten que, sin el respaldo armamentístico directo de Estados Unidos, Israel podría no lograr su objetivo estratégico en el corto plazo, mientras que Irán ha evitado responder abiertamente a los ataques, aunque podría hacerlo en cualquier momento, arrastrando al conflicto a actores como Hezbolá o milicias aliadas en Siria e Irak.
La comunidad internacional observa con preocupación el curso de esta ofensiva, que podría redibujar el mapa geopolítico de la región y desencadenar consecuencias globales si no se logra contener la expansión del conflicto.







