El príncipe Prince Andrew, Duke of York, considerado durante décadas el “hijo preferido” de la reina Elizabeth II, enfrenta uno de los momentos más críticos de su vida pública tras su arresto el jueves, en medio de la controversia por sus vínculos con el fallecido financiero Jeffrey Epstein.
Andrés, quien cumple 66 años, fue visto durante años como una figura carismática dentro de la familia real británica: un joven de vida social activa y militar valiente, cuya participación en la Falklands War en 1982 le valió el reconocimiento de muchos británicos. Su desempeño como piloto de helicóptero durante el conflicto contra Argentina consolidó su imagen de compromiso y servicio.
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Sin embargo, esa percepción ha cambiado radicalmente en los últimos años. La revelación de su relación con Epstein —condenado por delitos sexuales— provocó una fuerte reacción pública y mediática que ha empañado su reputación y, según analistas, afectado la imagen de la monarquía.
Mientras para Isabel II Andrés era considerado uno de sus hijos más cercanos, su hermano mayor, el actual rey Charles III, ha optado por marcar distancia a medida que los detalles de la controversia salían a la luz. Desde entonces, el duque de York ha sido apartado progresivamente de funciones oficiales y actos públicos.
La transformación de Andrés, de figura admirada por su servicio militar a elemento incómodo para la Corona, refleja uno de los capítulos más delicados que ha enfrentado la familia real británica en tiempos recientes.






