Catalogado como uno de los casos más atroces que habia surgido en el pais, el caso Llenas Aybar es una herida abierta que nunca cerrará.
El asesinato del niño José Rafael Llenas Aybar ocurrido en mayo de 1996, constituye uno de los hechos criminales más estremecedores de la historia dominicana, al revelar un nivel de planificación y frialdad jamás percibido contra un menor de apenas 12 años.
Llenas Aybar provenía de una familia humilde y su condición de niño indefenso avivó la indignación nacional en un contexto marcado por una creciente percepción de inseguridad y desconfianza institucional durante la década de los noventa.
El menor "fue llevado a una exposición de motocicletas" y nunca regresó a casa.
El crimen se caracterizó por una violencia extrema, fue hallado en el arroyo Lebrón, en la autopista Duarte, atado de pies a cabeza con cinta negra y con 34 puñaladas en su cuerpo, evidenciando una acción inhumana y cruel.
Las investigaciones señalaron la participación de jóvenes con acceso a recursos económicos y redes de influencia, un elemento que facilitó la logística y ejecución del crimen. Por el caso fueron apresados Juan Manuel Moliné Rodríguez y Mario José Redondo Llenas, de 18 y 19 años de edad respectivamente, amigo y primo de la víctima.
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Moliné Rodríguez fue condenado a 20 años de prisión por complicidad en el asesinato y obtuvo su libertad el 5 de mayo de 2016, tras cumplir la totalidad de su condena. Redondo Llenas, quien residía frente a la casa de la víctima, fue condenado a 30 años de prisión por asesinato premeditado y será puesto en libertad el próximo 5 de mayo, al completar la pena máxima establecida por la legislación vigente al momento del crimen.
En una entrevista, Ileana Aybar de Llenas, madre del niño, expresó que “no me alegro de la condena, porque esa no sería la palabra, pero el dolor del hecho y la falta de mi hijo no lo resarce ninguna condena”, reflejando el sentimiento de una herida que permanece abierta.
Redondo Llenas no es el primer dominicano en cumplir una condena de 30 años de prisión. Según el abogado Carlos Balcácer, fue precedido por Carlos Moronta alias Carlos Cajita, quien en 1967 fue acusado de descuartizar a un compañero de trabajo, presuntamente por celos.
Mario José ha sido objeto de estudios psicológicos y psiquiátricos que lo catalogan con trastornos de personalidad, disociación de la realidad y rasgos de sociópata. Juan Manuel fue diagnosticado con un trastorno grave de la personalidad. Estos análisis han sido utilizados tanto para comprender el crimen como para evaluar la evolución conductual de los condenados dentro del sistema penitenciario.
El asesinato estuvo marcado por secuestro, tortura y barbarie, evidenciando una alarmante deshumanización por parte de los responsables. Además, la investigación presentó múltiples irregularidades que dificultaron el esclarecimiento total del caso: el arma homicida nunca fue recuperada, la ropa de la víctima como la de los acusados se extraviaron mientras estaban bajo custodia policial, impidiendo la realización de análisis forenses adicionales.
Redondo Llenas llegó a alegar que la entonces embajadora argentina en el país, Teresa Meccia de Palma, su esposo Luis Palma de la Calzada y su hijo Martín Palma Meccia estuvieron involucrados en el crimen. Pero la familia Palma abandonó el país amparándose en su inmunidad diplomática sin ser interrogada formalmente y dichas acusaciones nunca fueron comprobadas.
“Después de todo el desastre que él hizo, lo menos que puede cumplir es la pena”, expresó Ileana Aybar, madre de José Rafael, sintetizando el sentir de una sociedad que aún no logra cerrar este capítulo de su historia.
En mayo de 2026 se revivirá cada momento de este caso, el cual próximamente llegará a su fin con la puesta en libertad del responsable, Mario José Redondo Llenas.








