Santo Domingo. - Cuando Nycole Gómez entró al trabajo aquel jueves 23 de mayo de 2024, no imaginaba que ese día marcaría un antes y un después en su vida. A las 8:10 de la mañana empezó su rutina como lo había hecho durante años, limpiar jaulas, alimentar mascotas, asistir al médico veterinario. Pero esa mañana, le pidieron hacer algo que cambiaría su destino para siempre.

Con solo 27 años, Nycole llevaba ocho dedicada a su oficio como asistente técnico veterinario en el Hospital Veterinario Vet Center, en Santo Domingo. Manifiesta que nunca se había se preparó para enfrentar sustancias peligrosas. Mucho menos para manipular supuestamente alcohol al 95% dentro de una veterinaria.
“Yo voceaba: ¡me quemo, me quemo! ¡Ayuda, ayuda!”, recuerda entre lágrimas.
Según narra, presuntamente supervisora le pidió llenar unos envases con alcohol para fabricar perfumes caseros. Luego debía sellarlos con cera, una práctica completamente improvisada, sin ventilación adecuada, sin protección, sin ningún tipo de protocolo químico.
“Ese tanque era de un solo uso. Pero como ella usaba poco, lo volvía a sellar con cera de vela para que no se evaporara el alcohol”, cuenta Nycole.
Sin saber que el lugar estaba saturado de vapores inflamables, encendió un fósforo. El fuego se expandió de inmediato. “Prendí la vela y explotó todo. Me tapé la cara. Cuando me di la vuelta, el tanque explotó… caí pegada de una jaula”.
El fuego la cubrió por completo. Aún envuelta en llamas, Nycole corrió por el local en busca de una salida. No perdió el conocimiento. No dejó de luchar. Incluso intentó salvar a los animales “Gracias a Dios logré salir por una puerta hacia el patio. Estaba completamente encendida”.


Nycole fue llevada de emergencia. Tenía quemaduras de segundo y tercer grado en el 22% de su cuerpo. Mientras estaba en cuidados intensivos, su madre, su única familia cercana, sufrió un derrame cerebral y falleció. Nycole no pudo despedirse de ella.
“Este dolor físico no se compara al de perder a mi mamá. Era lo único que yo tenía”, dice con la voz rota.
Según su testimonio y de ex empleados quienes hablaron de forma anónima, la preparación de perfumes para mascotas se realizaba dentro del local, sin permisos ni condiciones adecuadas, usando etanol al 95%, una sustancia clasificada como material peligroso por organismos internacionales.
El informe oficial del Cuerpo de Bomberos del Distrito Nacional lo confirma, el incendio se originó en una operación “no usual”, que involucraba el trasiego de etanol (alcohol etílico) en un espacio reducido, mal ventilado y sin equipos de protección.
“Para usar este químico se necesitan guantes especiales, ropa contra incendios, y un área controlada. Nada de eso había”, afirma Nycole.
Tras el accidente, Nycole asegura que la clínica no le ofreció apoyo económico ni emocional. Su salario de 11 mil pesos era insuficiente, y cuando pidió ayuda a la gerencia, solo recibió trabas.
“Yo les pedí un poco más de apoyo, y lo que hicieron fue ponerme obstáculos. Por eso decidí demandar”.
Su demanda por daños físicos y psicológicos ascendía a 23 millones de pesos. El tribunal falló a su favor por 5 millones, pero la empresa apeló la decisión.
El abogado experto en derecho laboral y seguridad social, Frank Aristy, explica que la legislación dominicana protege a los trabajadores que sufren accidentes laborales, estableciendo subsidios, indemnizaciones y pensiones según el grado de discapacidad.
“En este caso, ella también podría recibir una pensión si su discapacidad es permanente”, sostiene Aristy.
Hoy, Nycole vive con las secuelas. Su piel aún muestra las cicatrices, pero el dolor más grande no es físico: es el vacío de haber perdido a su madre, la indiferencia empresarial, y la frustración de no ver aún justicia.
Su historia no es solo la de una joven valiente que sobrevivió al fuego. Es la de una trabajadora expuesta a un riesgo innecesario, víctima de negligencia, que hoy clama para que su caso sirva como ejemplo y advertencia.







